¿Qué le pasa a mi país?

 

 

¿Qué le pasa a mi país? Enuncio esta pregunta con un dejo de tristeza y desazón, hemos visto con asombro la reacción y el comportamiento desmedido a mi juicio, de algunos actores sociales que han incitado a la violencia a las masas, causando estragos en nuestro país. Entiendo que las personas  en plenitud de sus facultades, con  conocimiento, voluntad,  conciencia y libertad, por ende, ¡responsables!, puedan solicitar sus derechos. Pero se han olvidado de la responsabilidad y el respeto hacia ellos mismos y a los demás.

 

Hace 30 años atrás se podía definir al chileno, como una persona sencilla y equilibrada, al parecer las comunicaciones y la imitación de otros países que se creen desarrollados, ha impactado a nuestra sociedad. Pero no se dan cuenta de la degradación humana de “esta misma sociedad” que se cree moderna, al querer aprobar todo  tipo de leyes que le dan libertad, “falsa libertad”, a las personas que sólo desean licencia para pecar y ser los pésimos referentes para las generaciones que vienen…, sólo puedo comprender esto en el contexto, que el hombre está cegado por la corriente de este siglo dirigida por el enemigo de nuestras almas, ¿porque dónde queda su inteligencia? Si no alcanzan a sopesar las consecuencias que traerá a las próximas generaciones, el hecho que dos personas del mismo sexo convivan, siendo socialmente y legalmente aceptados, y más aún, adopten hijos que crecerán con una confusión emocional, intelectual y espiritual. ¡Pobre humanidad que no acepta el llamado de su Creador!

 

En este último tiempo hemos observado los grandes cambios sociales  culturales, y porque no decirlo “espirituales” ya que ahí se concentra el gran problema del hombre. El hombre sin Dios será siempre una marioneta de satanás, en todas las áreas.

 

¿Qué haremos nosotros?  Lo primero que debemos tomar en cuenta, es que  no somos de aquí, somos sólo gente de paso por este planeta, en realidad todos lo son, pero la diferencia es que hemos sido alcanzados por Dios para pasar la eternidad junto a Él, por tal motivo, no nos podemos conformar a este siglo ni menos acomodarnos al pensamiento errático de éste.

 

Surge hoy con más fuerza y autoridad, la Palabra de Dios en estas materias, pareciera que fue escrita para este siglo… ¡sí también fue escrita para hoy! Debo decirles que no hay ninguna autoridad, ciencia, persona o cosa alguna que pueda estar por encima de la poderosa Palabra de Dios, ella es la Autoridad máxima sobre todo imperio, nación y reino, o cualquier cosa que se levante en esta tierra o fuera de ésta…, “el cielo y la tierra pasarán pero mi Palabra no pasará”. La Palabra, es la voz de Dios hablando ayer y hoy al pecador.

 

El salmo 11, “el refugio del justo”, escrito por David bajo la inspiración del Espíritu Santo, nos entrega la respuesta exacta sobre lo que debemos hacer, primero el Señor nos enuncia la pregunta:

Si fueren destruidos los fundamentos, ¿Qué ha de hacer el justo?

 

Las Escrituras siempre responderán a las Escrituras, recordemos que no existe nada superior a ellas, porque es Dios hablando a la humanidad.

 

¿Nos esconderemos? ¿Diremos, ¡oh! yo soy cristiano pero acepto que todos deben tener sus derechos? Que evangelio fácil sería ese, que cómodo; el Salmo intenta responder también humanamente.., ¿escaparemos al monte? ¿Nos esconderemos? Y luego, ¡nos recuerda la verdad! Jehová está en su santo templo, Él está ahí, sus ojos ven todo lo que ocurre, ¡oh para  mí es respuesta suficiente! Pero el Señor tiene más, para nosotros: El Salmo 119 verso 126, nos da una orden expresa y nos aclara algo fundamental.

 

Tiempo es de actuar,  oh Jehová, Porque han invalidado tu ley.

 

Lo primero que nos afirma la Palabra de Dios, es que jamás los hombres podrán destruir lo que Dios ha creado, nunca, jamás. Lo que sí, han hecho los hombres, “es invalidar su ley” no la hacen válida para la sociedad actual, porque para el hombre postmoderno, todo es relativo y nada es absoluto, ese es el pensamiento de este mundo que es contrario al pensamiento de Dios y el creyente. Las buenas noticias para nosotros, es que Dios siempre ha tenido “un remanente” y ese remanente somos nosotros, la Iglesia de este tiempo…, Amada procura estar en este remanente, que tu familia esté en él, no podemos ser la Iglesia tibia de Laodicea, tenemos que ser la verdadera Iglesia de Jesucristo, como la Iglesia primitiva, que permitió ser perseguida antes de negar el nombre de Jesús… ¿qué harás tú?

En segundo lugar, el verso 126 nos habla en imperativo y con carácter de urgencia:

 

Tiempo es de actuar, oh Jehová

¡Tiempo de actuar! ¿Qué significado cobra hoy esta orden? ¿Marcharemos exigiendo derechos como todos los ciudadanos? Considero que es una acción válida, como muchas otras que hemos realizado inspiradas por el Señor; pero Dios nos conmina a hacer acciones prioritarias, básicas, fundamentales…, una de ellas es la Oración, llave que abre todas las puertas: es la conversación directa con Dios en el nombre de Jesús, es estar respirando aire celestial, es iluminarse como Moisés en la presencia de Dios, es cogobernar con Cristo nuestro Rey, Príncipe y cabeza de la Iglesia, es interceder por nosotros y por las autoridades, ya que todas éstas han sido puestas por Dios, y Él tiene poder para entrar en el corazón de los impíos y confundirlos. ¡La Iglesia pelea de rodillas!

 

Es hacer la voluntad del Señor predicando en primer lugar con nuestro testimonio, y en segundo lugar continuar predicando el Evangelio del Reino, proclamando su nombre por las calles y plazas como siempre lo hemos hecho ¡nos convenga o no nos convenga! tal como nos enseñó mi Obispo.

 

El libro del Profeta Joel, nos señala exactamente nuestro que hacer en nuestras congregaciones, nótese la urgencia de su llamado, del llamado de Dios hacia su pueblo:

 

Tocad trompeta en Sión, proclamad ayuno, convocad asamblea. Reunid al pueblo, santificad la reunión, juntad a los ancianos, congregad a los niños y a los que maman, salga de su cámara el novio, y de su tálamo la novia. Entre la entrada y el altar lloren los sacerdotes ministros de Jehová, y digan: Perdona, oh Jehová, a tu pueblo, y no entregues al oprobio tu heredad, para que las naciones se enseñoreen de ella. ¿Por qué han de decir entre los pueblos: Dónde está tu Dios?

 

De esa forma estaremos defendiendo nuestros derechos, el derecho a creer en el único y soberano Dios, el derecho a vivir en santidad, el derecho a salvar a nuestra heredad del oprobio del pecado; porque eso es lo que nos quitan las leyes de los hombres cuando éstas se aprueban. El Espíritu Santo y la Iglesia, es la que debe frenar el pecado en este mundo, por eso la Iglesia debe cumplir su rol a cabalidad…, poco a poco se tendrán que cumplir las profecías y reinará la maldad, y cuando suene la final trompeta, ya el misterio de la iniquidad estará totalmente dominando al planeta, en ese momento la Iglesia que esté preparada volará al encuentro de su Señor. Pero ahora… ¡es tiempo de actuar!

 

La palabra del Señor es categórica, una vez más, y les invito ir al libro del Profeta Miqueas: allí el profeta inspirado por el Espíritu del Señor, nos insta, nos desafía a que todos los creyentes formulemos públicamente, “Una declaración de principios” donde ya no los hay. Señalé anteriormente que hoy, todo es relativo, y pocos son los que viven por los principios fundamentales de la Palabra del Señor.

Por lo tanto es menester que proclamemos el nombre de nuestro Dios a los cuatro vientos y declaremos que Cristo es el Señor, y que eternamente le adoraremos, aunque el mundo se derrumbe a nuestro alrededor…, seremos el remanente de este siglo. La invito a proclamar esta Palabra:

 

¡“Aunque todos los pueblos anden cada uno en el nombre de su dios, nosotros con todo andaremos en el nombre de Jehová nuestro Dios eternamente y para siempre”!

 

Con cariño

 Alicia

 

mayo 15, 2012

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