¿Dios en un pesebre?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los Profetas y Moisés lo anunciaron, ellos le aseguraron al pueblo escogido por Dios, vez tras vez, que había de venir un Mesías que sería el “Rey de los judíos”. Por consiguiente, esperaban con apasionada expectativa y patriotismo la aparición de ese Rey con gran pompa y manifestación de poder.

Leemos en Isaías 7:14

“Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel (Dios con nosotros)”

 Isaías 9:6

“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno; Príncipe de paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto”

El milagro más grande que ser humano alguno ha sido testigo, es que Dios pudiera llegar hasta nosotros tomando la forma de hombre para identificarse con nosotros; Miqueas también declara:

“Sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad” (Miqueas 5:2)

El profeta declara que el eterno vendría a nosotros, Isaías nos relata cómo llegaría hasta nosotros, a través de una virgen nacería aquel que se llama Emanuel.

 

Luego Juan declara: “Aquel verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros” (Juan 1:14). EL es infinitamente más hermoso en persona, que  la visión que  haya suministrado cualquiera de los profetas. Sus discípulos y los que fueron sanados por El, lo declaran…, y nosotros hoy en este siglo 21, le hemos conocido en Espíritu y Verdad, y lo declaramos. Yo le conozco…, le he visto, amado y adorado en su humillación, caminando por las calles de Galilea, a muy bueno sentándose en el maravilloso púlpito del Monte de los Olivos, y luego yendo hacia la cruz, es la persona más preciosa y tierna que he visto por fe en las escrituras. También le he visto, amado y adorado en su exaltación…

“No temas yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del hades” Apocalipsis 1:17-18)

 

Todos los mapas del mundo y todos los almanaques y calendarios mencionan el lugar y la fecha del nacimiento del Cristo (Ungido en el idioma griego). Jesús nació en Belén de Judea (Miqueas 5:2; Mateo 2:1), en los días de Herodes el falso rey. Tanto el lugar como el rey son conocidos, no se puede dejar este relato sólo a la imaginación, se nos dan nombres y fechas. Por lo tanto el Cristianismo es una religión histórica; el Evangelio no comienza con la frase: “Había una vez…”; empieza con Belén en Judea. Allí está el pueblo, y podemos comprobar el lugar preciso donde nació Jesús.

Las afirmaciones de los evangelios están fundamentadas en hechos, y no hay crítico ni incrédulo que pueda dudar de ellas, los relatos se asientan sobre el fundamento sólido de la historia. No edificamos nuestra fe sobre un mito, sino en hechos concretos; “esto que aconteció no fue en un rincón oscuro, sino a la luz del día, y es un hecho que no le teme al mapa del geógrafo ni a la pluma del historiador” (Henrietta C. Mears 1966)

 

Pero qué diferencia podemos apreciar entre el nacimiento de un rey terreno, y el nacimiento de un Rey que era ni más ni menos, que el mismo creador del Universo, como Juan dice:

“Todas las cosas por El fueron hechas, y sin El nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”

El Dios eterno comienza su vida terrena en un establo, su cuna fue un pesebre, ¡OH! su familia y allegados eran gente humilde; apareció a nosotros como un niño indefenso ¡Que humano era nuestro Señor! Pero Jesús fue anunciado por un arcángel, saludado por un coro angelical, y luego el canto de alabanza de los pastores de la misma región que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño…, y adorado por los más sabios filósofos de la tierra. ¡Que divino era nuestro Señor!

Jesús es la ternura coronada y entronizada, la mansedumbre, humildad y el amor abnegado. Aunque es el “Rey de reyes y Señor de señores”, sin embargo tan accesible, tan sencillo, tan humilde como un niño. El viene a nosotros en el humilde aspecto del niño de Belén, el andante sin hogar y el crucificado del calvario.

Pero EL vendrá otra vez en toda su majestad y gloria como Rey y Señor…, sólo aquellos que le aceptan en su “humillación”, participarán en su “exaltación y en su Reino”

Que bendición para los magos del Oriente; eran sabios persas, que estudiaban las estrellas. Venían a adorar y a honrar al Rey, estos hombres no preguntaban: “¿Dónde está el que ha nacido para ser el salvador del mundo?”, sino ¿Dónde está el rey de  los judíos que ha nacido?

La sagrada estrella se había detenido sobre un mesón en Belén para anunciar el nacimiento de Cristo. El mundo entero esperaba en esa época el advenimiento de una Persona que iba a ser grande. ¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Era la pregunta que se hacían todos; con todas las profecías hechas a Israel, no era de sorprender que el mundo, como también Israel, estuviese esperando un Rey que regiría el mundo desde el trono de David. Los sacerdotes sabían dónde debía nacer Cristo, pero que lamentable, no conocieron a ese Cristo cuando nació. Mas ellos no supieron conocer el tiempo de su visitación, miraron en menos a su Rey.

La adoración de los sabios anticipaba el dominio universal de Cristo. Algún día se espera que “se doble toda rodilla…, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios el Padre (Filipenses 2:10-11) “Dominará de mar a mar, y desde el río hasta los confines de la tierra” (Salmo 72:8)

Bienaventurados los magos, ellos fueron dirigidos hacia una persona, no hacia un credo, sus estudios lo hicieron posible…, me pregunto ¿qué pasa con los sabios de este siglo? ¿Se estarán encandilando con sus propias luces? ¡Que honra tendrían si fueran más humildes y reconocieran a Jesús como el autor y el consumador de sus vidas, y que vergüenza tendrán un día, al igual que los judíos que no supieron reconocer a su Rey, un día tendrán que rendirse a sus plantas, pero será demasiado tarde.

Pero para nosotros hoy es tiempo de Adorar, les invito a que nos postremos ante el único que es…,

“Digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza”

 Apocalipsis. 5:12

Con cariño, Alicia

enero 19, 2012

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