¡Oh mi Jesús lloró…

 

 

 

 

 

 

Amadas:

Es    frecuente    observar   que  de  una   u   otra forma,   ronda   entre  nosotras,  eso  que  no  nos  gusta…  ¡sufrir!

¡Sentir la carga del dolor!

Inherente  a  nuestra  humanidad  es  el  sufrimiento, así    como, lo es también la felicidad; por alguna razón queda más gravado  en nuestra mente la sensación que nos provocó el sufrimiento.

El Señor nuestro Dios nunca nos ha engañado, Él es verdadero y Fiel. Jesús concretó nuestra libertad y redención,  compró para nosotras la salvación y eternidad; sabemos también que hay muchas promesas y advertencias para los hijos de Dios, estipuladas en su palabra; “En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, YO he vencido al mundo” de allí en adelante nunca saldremos iguales, o crecemos en nuestra estatura espiritual, o somos derrotadas por la aflicción y la amargura de espíritu…, para nosotras la primera opción, es la correcta. La escritura señala: “Muchas son las aflicciones del justo, más de todas ellas la librará Jehová”.

 

Cuantas de nosotras hemos sufrido el dolor  de una pérdida irreparable como es la partida del ser que amamos…, se dice que el mayor dolor que puede experimentar un ser humano es la pérdida de un ser querido, y el segundo en la escala del sufrimiento del alma, es el rechazo.

Cuantas veces nos preguntamos  por qué, ¿y por qué a mí? ¿Dios ve mi aflicción? ¿Por qué tendría que ocurrir esto?, ¡y qué angustia! ya no se puede volver atrás…

Tengo la férrea convicción, a la luz de la palabra de Dios, que todo tiene un porqué, un sentido, y una razón poderosa del porqué, del sufrimiento humano, y de las decisiones que se han tomado en la eternidad desde antes que naciéramos; pues somos gente especial, privilegiada, un pueblo con destino único de eternidad, con veredas seguras marcadas desde el cielo. El único pueblo que tiene la paz y el gozo asegurado en esta vida a pesar de las tormentas que ésta traiga, hemos conocido a uno que trazó el camino, aún más…, El, es el camino, ¡Dios con nosotros¡ pero hemos conocido a un Jesús que se despojó de su deidad para reconciliar a la raza humana con el Padre celestial ¡y lo logró! Tal como Isaías lo ve, 700 años antes de su llegada a este mundo:

Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos”

 

Sin duda, todo aquel que desconoce el maravilloso plan de salvación ideado por Dios para la humanidad, piensa; ¿y por qué tuvo que ser así?, ¿por qué no se manifestó a nosotros de otra manera? pero de inmediato en el versículo siguiente tenemos la respuesta categórica a esta interrogante:

 

Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores…, Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados…, Cada cual se apartó por su camino, mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros…”

 

Ese era el glorioso plan de salvación revelado a los hombres, si ahora continuamos viajando en el tiempo, y nos situamos un poco más de 2.000 años atrás, veremos una escena conmovedora, el dolor de la partida de un amigo, ¿quiénes son los personajes? Lázaro ha muerto, María y Marta reprochan a Jesús, ¡si hubieras llegado antes, nuestro hermano ahora viviría!, Jesús camina hacia el sepulcro y sucede lo inesperado, al menos para mí, “Jesús lloró” mi pregunta fue, ¿por qué Jesús lloró? Él era Dios, y sabía que también era la vida, pero lloró.., la respuesta es simple, la biblia lo revela en el libro de los Filipenses…

 

Haya pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres.

 

Jesús, hecho semejante los hombres, El mismo se hizo llamar “el hijo del hombre” por amor al hombre, “varón de dolores experimentado en quebrantos” Sí, Jesús lloró, y lo hizo por amor, ahora no es por su amigo Lázaro, ahora es por ti y por mi

 

Si hoy te ha alcanzado el dolor, una cosa hemos de saber, Dios es más poderoso que tu pena y tristeza, cuando Él llega, todo lo cambia, es nuestra paz, es nuestro gozo en medio de la tormenta, es nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Y la declaración  más gloriosa para los que habitamos al abrigo del Altísimo y moramos bajo la sombra del Omnipotente, es ésta…, y viene pronta y rauda: Tu y yo, hemos sido tomados, como “dignos de ser semejantes al El en su humillación, y… ¡Gloria a Dios!  Lo seremos también, semejantes a Él en su exaltación”

 

“Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.

A él sea la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén”

Con Cariño, Alicia

enero 19, 2012

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