Practiquemos el Evangelio

 

¡Amadas! Estamos en tiempos finales, no nos queda mucho tiempo aquí, por lo tanto no es hora de vivir un evangelio falso, acomodado a nuestra medida

¡Dejemos atrás el amor propio, la comodidad, la rutina, la indiferencia, el desamor, y la parcialidad! Y vamos en pos de la gratitud, el deber, la consagración y la santidad a nuestro Dios

Es tiempo de ponerse en pie, y practicar de una vez por todas el Evangelio Verdadero y transformador manifestado en el servicio a Dios y a nuestro prójimo, ejerciendo la verdadera religión que nos señala el apóstol Santiago:

“La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo”

Para empoderarse de ésta práctica, hay que tener el alma sellada con el “Gran Mandamiento” que Cristo nuestro jefe nos decretó:

“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Éste es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas”

¡Y de estos dos mandamientos fluye el Evangelio de salvación del cual somos pregoneras, militantes y pastoras!

Es el amor genuino que debe gobernar nuestro ser; manifestado en perdón, bondad misericordia y compasión, no tan sólo a quienes nos bendicen, sino con más ahínco, dirigir nuestro trabajo con ternura a aquellos que no nos aman tanto como quisiéramos

¡Amadas! Somos las encargadas de poner a nuestras hermanas a los pies del Señor, somos responsables de su crecimiento y bienestar espiritual. Dios no nos ha llamado a contender con los que ha puesto a nuestro cuidado, nos ha llamado a amarles, perdonarles como Cristo  perdonó, a servirles como Cristo sirvió, aún siendo Dios

Nosotras debemos ser las expertas en perdonar, el Señor nos ha puesto en un lugar alto, de privilegio…,y es hora ya de levantarse y tomar el lugar con el que Cristo nos distinguió, nuestra altura espiritual es mayor, tenemos una elección divina

¿Y qué de nuestra vida y de nuestros derechos? ¿Estamos expuestas a ser criticadas, difamadas, juzgadas por quienes integran nuestra congregación?
¡Claro que si lo estamos!
¿O no lo estuvieron aquellos que anduvieron por el Camino? ¿No lo estuvieron los grandes que aparecen en la galería de los héroes de la fe, en Hebreos 11?
¿Y cuanto más nuestro Señor Jesucristo?
¡Sí! Son aquellos de los que se cuentan proezas, aquellos que se atrevieron. De los cobardes y pusilánimes no se cuentan historias, es más, nuestro Señor y Dueño exhorta y desafía a los suyos: ¡los valientes arrebatan el Reino de los cielos!

Fortalecerse  en el poder y la fuerza del Señor es el secreto para triunfar.., y permanecer llenas del Espíritu Santo es nuestra arma para vencer, Éste, nos ciñe de poder…,sólo así llevaremos a cabo la misión para lo cual hemos sido elegidas

Nuestro llamado no es tomar señorío del rebaño, al contrario, somos servidoras de nuestras hermanas; cuando hagamos nuestro este paradigma, recién entonces comenzaremos a vivir en plenitud y gozo el Evangelio eterno. Y proseguir como Pablo, asiendo aquello para lo cual fuimos asidos por Cristo Jesús; y al fin, “ser lo que Cristo quiere que seamos”

¡Oh sólo así podrá descansar, y alivianarse nuestra alma…,respirar aire celestial triunfando en luz sobre las tinieblas!!

Con cariño, Alicia

diciembre 27, 2014

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