“Dorcas: Damas al servicio del Señor”

Dorcas

 

Amadas de Dios:

El nombre con el que mencionamos las personas o cosas tiene mucho que revelarnos o indicarnos, es así, como individualmente o colectivamente tenemos un nombre. Para nosotras, las que conformamos el área femenina de nuestra Iglesia, nos sentimos identificadas con nuestro ilustre apelativo, “Dorcas: Damas al Servicio del Señor”

En hechos 9.36, leemos lo siguiente:

“Había entonces en Jope una discípula llamada Tabita, que traducido quiere decir, Dorcas.  Esta abundaba en buenas obras y en limosnas que hacía.”

El nombre Tabita es la transliteración del nombre arameo tabyetha, que significa “gacela”. Y la forma griega de Tabita es dorkás, que también significa “gacela”

Dorcas o Tabita era una mujer que se caracterizaba antes los demás por abundar en hacer buenas obras para los más necesitados, lo primero que tenemos que saber de ella, es que era una “discípula”. Cuando la naciente Iglesia del Señor se puso en movimiento, ocurrieron hechos portentosos: miles se salvaron en Jerusalén, Saulo se convierte durante la persecución a la Iglesia, Pedro sana a un paralítico en Lida y resucitó a Dorcas en Jope. ¿Por qué causó tanto revuelo su muerte? ¿Por qué las viudas y necesitados lloraban su partida? Es en ese punto de su vida, cuando todos conocemos su historia.

La respuesta era manifiesta  para todos en Jope, Dorcas se había dedicado a Cristo y le seguía en su vida diaria. El fruto del Espíritu era evidente en su vida pues su testimonio no eran palabras vacías; otros podían ver a Cristo en su vida, y su fe era viva de tal forma que daba fruto que bendecía a los demás. Tal como Pablo lo aclara en efesios 2:8-10, las buenas obras fluyen de una fe geuina, y Jesús mismo, dijo que nuestras buenas obras glorificarían a nuestro Padre que está en los cielos (Mateo 5:16)

Vamos nuevamente a apreciar las características de esta bella mujer:

  • Dorcas era diligente, abundaba en buenas obras y limosnas que hacía
  • La misericordia de Cristo se veía por medio de ella
  • Ella veía a las personas como Dios las veía: Necesitadas de Su amor
  • Las manos de Dorcas se convirtieron en las manos del Señor; las viudas encontraron que aquellas manos eran manos proveedoras, ella siempre había estado allí, respondiendo a sus  necesidades, los había ministrado con amor. Esas manos habían dado un gran testimonio tangible, habían cosido muchas prendas de vestir, ¡oh! sus manos hablaron del amor de Jesús.

Es por ese motivo, que los discípulos enviaron a buscar a Pedro que estaba en Lida; él acudió al llamado, tal vez pensó en las circunstancias cuando Jesús resucitó a Lázaro, cuando vio a la familia y amigos llorar por su partida.

Pedro llamó a la mujer para que volviera a la vida: “Tabita, levántate”  y ella resucitó de entre los muertos. A través de su resurrección muchos entregaron su vida al Señor.

Nosotras ostentamos ese nombre, y asimismo ocupamos un lugar de privilegio en la Iglesia del Señor para dirigir nuestra acción y servicio hacia Él. Las invito a revisar nuestro cometido, a replantearnos nuestra labor. ¿Se han preguntado al finalizar el día, si lo que hice o no hice, está agradando a Dios?, ya que todo el trabajo que realizamos se derivará solo a un parámetro exigido por nuestro Señor Jesucristo: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22: 36-39)

Entonces el Rey dirá…, Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui huésped, y me recogisteis; Desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis a mí.  Entonces los justos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos? ¿Osediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos huésped, y te recogimos? ¿O desnudo, y te cubrimos? (Mateo 25:35-39)

¡Que Palabras más solemnes y que sentencia más sobrecogedora! Más no debemos temer, “porque el perfecto amor echa fuera al temor”. Estamos a tiempo de reconsiderar nuestro trabajo en el Señor… ¿Dan nuestras obras testimonio del amor y de la compasión de Jesús por nuestro prójimo? ¿Estamos dando de comer al hambriento, cubriendo al desnudo, visitando al enfermo y al encarcelado?

Como discípula, Dorcas dio testimonio del poder salvador de Cristo…, y mediante sus obras dio testimonio de la compasión de Cristo.

“Puede que un gesto de amor y bondad no altere el curso de la historia; pero si cambia el rumbo de una vida, vale la pena”

Con cariño

Alicia

 

 

 

diciembre 27, 2014

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