Héroes de la fe

 

Amadas en el Señor:

 

Nuestra sociedad camina por tiempos difíciles. Crisis en todo ámbito, político, económico, social, familiar. Cada nación hoy en día vive sus propias circunstancias marcadas por desasosiego, desesperanza y turbación. Se buscan métodos, fórmulas, y respuestas. La lucha se ve a todo nivel, desde el más alto y connotado sector,  hasta los sectores más vulnerables y olvidados.
Con frecuencia, y de forma inconsciente la sociedad busca “héroes” que logren revertir todos los males, y que sean salvadores de las profundas crisis que se viven.

Muchas religiones están levantando su bandera, proclamando sus verdades, y tratando de dar respuesta a tantos corazones heridos. Muchos políticos dicen tener la respuesta.

 

Como pueblo de Dios, como real sacerdocio y linaje escogido que somos, sabemos y entendemos con claridad que el problema del hombre no radica en elegir bien a los políticos de turno, o en lograr economías sólidas que disminuyan los altos índices de pobreza o desempleo. Discernimos que el grave problema de esta sociedad, tampoco radica en los altos niveles de delincuencia ni en el problema de la educación, muy de moda en estos tiempos. Una iglesia con visión de Dios, sabe que, aunque tuviesen nuestros jóvenes educación gratuita y de calidad, las crisis seguirían latentes.

 

El verdadero problema del ser humano, por ende, de la sociedad, radica en el corazón. Un corazón que no ha sido marcado por Dios, jamás podrá dar respuesta a sus múltiples necesidades, pues, el verdadero problema del hombre es el pecado, y todo lo demás, es consecuencia de estar lejos de su creador.

 

La Biblia, que es la palabra de Dios, nos cuenta, en innumerables libros y pasajes, historias de verdaderos héroes, que, en tiempos de crisis de su pueblo, estuvieron dispuestos y preparados ante el llamado de Dios. La palabra nos cuenta, cómo simples hombres y mujeres, supieron responder al llamado de su Dios, en el tiempo y lugar precisos.

 

El pueblo de Dios, Israel, vivió innumerables crisis, que fueron el resultado de la rebeldía y desobediencia. Pero, justo en esos momentos, hubo hombres y mujeres, consagrados, apartados, preparados, sensibles ante el llamado, y por sobre todo dispuestos y comprometidos a dejarlo todo por cumplir un llamado más alto: ser aquella luz que el pueblo necesitaba para su restauración. La Biblia los llama “Héroes de la Fe” porque fueron usados por Dios, y marcaron un hito tan importante, que al responder al llamado lograron que el pueblo se convirtiese de sus malos caminos y se volviese a su Creador. El mérito más glorioso de estos héroes, no fue precisamente su capacidad o valentía humanas, sino que, al contrario, fue su fe a toda prueba puesta en Dios, y su compromiso, de dar aun la vida, por cumplir el llamado. Creyeron aun, de esperanza contra esperanza, e incluso muchos de ellos no recibieron lo prometido.

 

 

Por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon boca de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerza de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros. Impactaron de tal modo la tierra, que el pueblo que vio su actuar nunca más fue el mismo. Aun así, experimentaron vituperios y azotes, prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada, anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y cabras, pobres, angustiados, maltratados, de los cuales EL MUNDO NO ERA DIGNO.

 

Abraham, Sara, Moisés, Rahab, Gedeón, Débora, Samuel, David, Elías, Isaías, Daniel, Ester; Juan, Pedro, Jacobo, Pablo y tantos más…, nadie los vio, ni los aplaudió. Sabían que fama, jamás iban a tener. Pescadores locos que quisieron ir tras Jesús, sin saber lo que iban a ganar. Pero, su seguridad, era el llamado de Dios. Dejaron todo, dieron hasta sus vidas por este alto llamado. Por eso, sus nombres quedaron para siempre en la palabra de Dios, como ejemplo de lo que, sencillos hombres y mujeres pueden lograr en sus manos.

 

Hoy, el mundo clama por héroes. Ya no están los patriarcas, ni los profetas ni los apóstoles. Pero estas tú. Hoy, el llamado es el mismo. Alumbrar a una sociedad moribunda. Proclamar esperanza a una sociedad agónica. Levantar el estandarte de Cristo en una sociedad confundida.

El más grande ejemplo de heroísmo, fue, el de aquel, que siendo Dios, no estimó el ser igual a Dios, sino que tomó la condición de hombre, y se humilló hasta lo sumo, hasta la muerte. El más grande héroe de toda la historia, por amor, solo por amor, se entregó a Sí mismo, pagó el precio, consumó el plan, redimió al pecador, saldó la deuda, y abrió un camino.

 

El precio fue pagado, pero el mundo necesita, con urgencia, que esta historia sea proclamada. Para esto, se necesitan “heroínas de la fe” que tengan en poco sus propias vidas, y que digan Sí, tan solo porque Jesús los llamó…

¿Te atreves a ser esa mujer que Dios necesita?

¡El cielo aplaudirá tu decisión!

Con cariño, Alicia

agosto 1, 2013

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *