¿Dios en un pesebre?
Escrito por admin el enero 19, 2012 – 11:09 pm -
Los Profetas y Moisés lo anunciaron, ellos le aseguraron al pueblo escogido por Dios, vez tras vez, que había de venir un Mesías que sería el “Rey de los judíos”. Por consiguiente, esperaban con apasionada expectativa y patriotismo la aparición de ese Rey con gran pompa y manifestación de poder.
Leemos en Isaías 7:14
“Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel (Dios con nosotros)”
Isaías 9:6
“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno; Príncipe de paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto”
El milagro más grande que ser humano alguno ha sido testigo, es que Dios pudiera llegar hasta nosotros tomando la forma de hombre para identificarse con nosotros; Miqueas también declara:
“Sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad” (Miqueas 5:2)
El profeta declara que el eterno vendría a nosotros, Isaías nos relata cómo llegaría hasta nosotros, a través de una virgen nacería aquel que se llama Emanuel.
Luego Juan declara: “Aquel verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros” (Juan 1:14). EL es infinitamente más hermoso en persona, que la visión que haya suministrado cualquiera de los profetas. Sus discípulos y los que fueron sanados por El, lo declaran…, y nosotros hoy en este siglo 21, le hemos conocido en Espíritu y Verdad, y lo declaramos. Yo le conozco…, le he visto, amado y adorado en su humillación, caminando por las calles de Galilea, a muy bueno sentándose en el maravilloso púlpito del Monte de los Olivos, y luego yendo hacia la cruz, es la persona más preciosa y tierna que he visto por fe en las escrituras. También le he visto, amado y adorado en su exaltación…
“No temas yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del hades” Apocalipsis 1:17-18)
Todos los mapas del mundo y todos los almanaques y calendarios mencionan el lugar y la fecha del nacimiento del Cristo (Ungido en el idioma griego). Jesús nació en Belén de Judea (Miqueas 5:2; Mateo 2:1), en los días de Herodes el falso rey. Tanto el lugar como el rey son conocidos, no se puede dejar este relato sólo a la imaginación, se nos dan nombres y fechas. Por lo tanto el Cristianismo es una religión histórica; el Evangelio no comienza con la frase: “Había una vez…”; empieza con Belén en Judea. Allí está el pueblo, y podemos comprobar el lugar preciso donde nació Jesús.
Las afirmaciones de los evangelios están fundamentadas en hechos, y no hay crítico ni incrédulo que pueda dudar de ellas, los relatos se asientan sobre el fundamento sólido de la historia. No edificamos nuestra fe sobre un mito, sino en hechos concretos; “esto que aconteció no fue en un rincón oscuro, sino a la luz del día, y es un hecho que no le teme al mapa del geógrafo ni a la pluma del historiador” (Henrietta C. Mears 1966)
Pero qué diferencia podemos apreciar entre el nacimiento de un rey terreno, y el nacimiento de un Rey que era ni más ni menos, que el mismo creador del Universo, como Juan dice:
“Todas las cosas por El fueron hechas, y sin El nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”
El Dios eterno comienza su vida terrena en un establo, su cuna fue un pesebre, ¡OH! su familia y allegados eran gente humilde; apareció a nosotros como un niño indefenso ¡Que humano era nuestro Señor! Pero Jesús fue anunciado por un arcángel, saludado por un coro angelical, y luego el canto de alabanza de los pastores de la misma región que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño…, y adorado por los más sabios filósofos de la tierra. ¡Que divino era nuestro Señor!
Jesús es la ternura coronada y entronizada, la mansedumbre, humildad y el amor abnegado. Aunque es el “Rey de reyes y Señor de señores”, sin embargo tan accesible, tan sencillo, tan humilde como un niño. El viene a nosotros en el humilde aspecto del niño de Belén, el andante sin hogar y el crucificado del calvario.
Pero EL vendrá otra vez en toda su majestad y gloria como Rey y Señor…, sólo aquellos que le aceptan en su “humillación”, participarán en su “exaltación y en su Reino”
Que bendición para los magos del Oriente; eran sabios persas, que estudiaban las estrellas. Venían a adorar y a honrar al Rey, estos hombres no preguntaban: “¿Dónde está el que ha nacido para ser el salvador del mundo?”, sino ¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido?
La sagrada estrella se había detenido sobre un mesón en Belén para anunciar el nacimiento de Cristo. El mundo entero esperaba en esa época el advenimiento de una Persona que iba a ser grande. ¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Era la pregunta que se hacían todos; con todas las profecías hechas a Israel, no era de sorprender que el mundo, como también Israel, estuviese esperando un Rey que regiría el mundo desde el trono de David. Los sacerdotes sabían dónde debía nacer Cristo, pero que lamentable, no conocieron a ese Cristo cuando nació. Mas ellos no supieron conocer el tiempo de su visitación, miraron en menos a su Rey.
La adoración de los sabios anticipaba el dominio universal de Cristo. Algún día se espera que “se doble toda rodilla…, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios el Padre (Filipenses 2:10-11) “Dominará de mar a mar, y desde el río hasta los confines de la tierra” (Salmo 72:8)
Bienaventurados los magos, ellos fueron dirigidos hacia una persona, no hacia un credo, sus estudios lo hicieron posible…, me pregunto ¿qué pasa con los sabios de este siglo? ¿Se estarán encandilando con sus propias luces? ¡Que honra tendrían si fueran más humildes y reconocieran a Jesús como el autor y el consumador de sus vidas, y que vergüenza tendrán un día, al igual que los judíos que no supieron reconocer a su Rey, un día tendrán que rendirse a sus plantas, pero será demasiado tarde.
Pero para nosotros hoy es tiempo de Adorar, les invito a que nos postremos ante el único que es…,
“Digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza”
Apocalipsis. 5:12
Con cariño, Alicia
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¡Oh mi Jesús lloró…
Escrito por admin el enero 19, 2012 – 5:00 am -
Amadas:
Es frecuente observar que de una u otra forma, ronda entre nosotras, eso que no nos gusta… ¡sufrir!
¡Sentir la carga del dolor!
Inherente a nuestra humanidad es el sufrimiento, así como, lo es también la felicidad; por alguna razón queda más gravado en nuestra mente la sensación que nos provocó el sufrimiento.
El Señor nuestro Dios nunca nos ha engañado, Él es verdadero y Fiel. Jesús concretó nuestra libertad y redención, compró para nosotras la salvación y eternidad; sabemos también que hay muchas promesas y advertencias para los hijos de Dios, estipuladas en su palabra; “En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, YO he vencido al mundo” de allí en adelante nunca saldremos iguales, o crecemos en nuestra estatura espiritual, o somos derrotadas por la aflicción y la amargura de espíritu…, para nosotras la primera opción, es la correcta. La escritura señala: “Muchas son las aflicciones del justo, más de todas ellas la librará Jehová”.
Cuantas de nosotras hemos sufrido el dolor de una pérdida irreparable como es la partida del ser que amamos…, se dice que el mayor dolor que puede experimentar un ser humano es la pérdida de un ser querido, y el segundo en la escala del sufrimiento del alma, es el rechazo.
Cuantas veces nos preguntamos por qué, ¿y por qué a mí? ¿Dios ve mi aflicción? ¿Por qué tendría que ocurrir esto?, ¡y qué angustia! ya no se puede volver atrás…
Tengo la férrea convicción, a la luz de la palabra de Dios, que todo tiene un porqué, un sentido, y una razón poderosa del porqué, del sufrimiento humano, y de las decisiones que se han tomado en la eternidad desde antes que naciéramos; pues somos gente especial, privilegiada, un pueblo con destino único de eternidad, con veredas seguras marcadas desde el cielo. El único pueblo que tiene la paz y el gozo asegurado en esta vida a pesar de las tormentas que ésta traiga, hemos conocido a uno que trazó el camino, aún más…, El, es el camino, ¡Dios con nosotros¡ pero hemos conocido a un Jesús que se despojó de su deidad para reconciliar a la raza humana con el Padre celestial ¡y lo logró! Tal como Isaías lo ve, 700 años antes de su llegada a este mundo:
“Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos”
Sin duda, todo aquel que desconoce el maravilloso plan de salvación ideado por Dios para la humanidad, piensa; ¿y por qué tuvo que ser así?, ¿por qué no se manifestó a nosotros de otra manera? pero de inmediato en el versículo siguiente tenemos la respuesta categórica a esta interrogante:
“Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores…, Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados…, Cada cual se apartó por su camino, mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros…”
Ese era el glorioso plan de salvación revelado a los hombres, si ahora continuamos viajando en el tiempo, y nos situamos un poco más de 2.000 años atrás, veremos una escena conmovedora, el dolor de la partida de un amigo, ¿quiénes son los personajes? Lázaro ha muerto, María y Marta reprochan a Jesús, ¡si hubieras llegado antes, nuestro hermano ahora viviría!, Jesús camina hacia el sepulcro y sucede lo inesperado, al menos para mí, “Jesús lloró” mi pregunta fue, ¿por qué Jesús lloró? Él era Dios, y sabía que también era la vida, pero lloró.., la respuesta es simple, la biblia lo revela en el libro de los Filipenses…
Haya pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres.
Jesús, hecho semejante los hombres, El mismo se hizo llamar “el hijo del hombre” por amor al hombre, “varón de dolores experimentado en quebrantos” Sí, Jesús lloró, y lo hizo por amor, ahora no es por su amigo Lázaro, ahora es por ti y por mi
Si hoy te ha alcanzado el dolor, una cosa hemos de saber, Dios es más poderoso que tu pena y tristeza, cuando Él llega, todo lo cambia, es nuestra paz, es nuestro gozo en medio de la tormenta, es nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Y la declaración más gloriosa para los que habitamos al abrigo del Altísimo y moramos bajo la sombra del Omnipotente, es ésta…, y viene pronta y rauda: Tu y yo, hemos sido tomados, como “dignos de ser semejantes al El en su humillación, y… ¡Gloria a Dios! Lo seremos también, semejantes a Él en su exaltación”
“Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.
A él sea la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén”
Con Cariño, Alicia
Etiquetas: Editorial Revista
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Tejidas en Amor
Escrito por admin el enero 11, 2012 – 6:03 pm -
Cuanto nos cuesta a las mujeres mantener el deseado equilibrio en todas las áreas que nos conducimos, la Biblia dice algo muy importante respecto a este tema, “Sed sobrios y velad” La sobriedad es lo que nos permite ser justas en nuestro discernimiento, en nuestra manera de vivir la vida, y en todos los ámbitos de ésta, al menos para mí, es un regalo de Dios.
Nuestra opinión de nosotras mismas, es influenciada por esto, no podemos ser objetivas, e incluso podemos llegar a ser hasta autodestructivas con nuestra autocrítica, o al revés, podemos llegar a tener un “concepto tan elevado de nosotras mismas”, que traerá como consecuencia no permitir la luz de Dios morando en nosotras, sólo alcanzaremos a ver la gente a nuestro alrededor, pero no la mano de Dios obrando en nosotras, “el amarse demasiado a sí mismo” trae como consecuencia no estar en comunión con Dios, y no podemos ser ese barro que Dios desea, para ser moldeadas como nuestro Padre celestial quiere.
Como podemos apreciar es difícil tener un auto concepto adecuado de nosotras mismas. La autoestima es una opinión favorable, loable, prometedora y apropiada de nosotras mismas. Podemos tener un concepto demasiado alto de nosotros, o demasiado bajo. Como discípulas de Jesús, somos especiales a los ojos de Dios, Dios es el creador del Universo, vive en nosotros por su Espíritu Santo.
No olvides:
Somos Hijas de Dios coherederas con Jesús y compartimos con EL en su gloria.
Hemos sido hecho vivas con Cristo y nos ha sido dada “Plenitud en Cristo”
Hemos sido levantadas con Cristo y sentadas en lugares celestiales. (Efesios 2:6)
Pero necesitamos equilibrar la grandeza de quien somos en Cristo con una aceptación humilde de lo que Dios quiere que seamos y de lo que el quiere que hagamos. La humildad es una virtud tan escurridiza…, hay ocasiones que pensamos que la tenemos, para luego darnos cuenta que estamos lejos de ella, ¿te ha ocurrido a ti? Quizás más de alguna de vosotras habrá leído u oído la historia del niño que recibió la insignia del “más humilde” y se la quitaron, por cuanto la usó.
Amigas mías: Tengan ánimo y regocíjense ya que “hay un proceso de parte de Dios hacia nosotras” eso es bueno, imagínate un hermoso tapiz. ¿Qué es un tapiz? Es un manto pesado, tejido con un diseño decorativo con imágenes, comúnmente usado como una bella decoración en la pared, es un trabajo de bordado o de“punto” de gran valor; algunos datan desde el año 1.500 antes de Cristo, y estuvieron presentes en la cultura de muchas civilizaciones, únicamente eran utilizados los mejores materiales: fina lana, seda, lino, varios tipos de colores de hilos, y muchos de los antiguos tapices eran tejidos de oro puro.
Dios ha estado en el proceso de tejer un tapiz desde que El habló por primera vez: “Hágase la luz” El ha sido muy cuidadoso porque su tapiz tiene un propósito divino en cada hebra.
Somos parte de su tapiz, corporativamente, él nos está tejiendo juntas para crear un “Auto-retrato” a través del cual El pueda expresarse a sí mismo, a su creación, ese es su propósito en la tierra:
“Tener un pueblo que represente su imagen, su naturaleza, su carácter a aquellos que están sufriendo solos, sin esperanza y perdidos”.
Estamos siendo tejidas en amor, somos el diseño original y perfecto de Dios.
Amadas ¿deseas ser tejida en amor, para llegar a ser lo que realmente debemos ser en Cristo?
Te invito a ser parte de este plan maravilloso, como hijas de Dios estamos en el dulce proceso de parecernos cada vez más a El…, permite que Dios haga con tu vida lo que él desea hacer de ti, eres un hermoso tapiz, exclusivo… No hay nadie como tú.
Con cariño, Alicia
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